Un legado arquitectónico que renace para inspirar nuevas historias.
En el corazón del barrio Prado —una de las últimas joyas patrimoniales de Medellín— se alza una casa que no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que ahora renace como símbolo de elegancia, cultura y conexión. Esta residencia icónica fue construida en la primera mitad del siglo XX por el empresario Carlos Gutiérrez Bravo, entonces gerente del Banco Industrial Colombiano (BIC). Para su diseño, Gutiérrez confió en uno de los arquitectos más influyentes de su época, Nel Rodríguez, quien se formó en Bellas Artes en París y Nueva York, y pertenecía a una familia con profundo legado cultural y artístico en la ciudad.
La casa refleja un estilo neoclásico no purista, enriquecido con múltiples detalles arquitectónicos, maderas nobles y acabados que dialogan con la tradición europea, propia del espíritu cosmopolita de los fundadores del barrio. Su diseño fue concebido para ser una obra maestra de la época, y aún hoy, sus paredes de tapia (adobe macizo), su carpintería en maderas finas como palo santo, comino crespo y guayacán, y sus detalles en mármol y terrazo, hablan de una Medellín que soñaba en grande.
El proyecto de Castillo Prado asumió el reto de revivir esta joya patrimonial, conservando cada elemento auténtico, desde las puertas hasta las chapas de estilo art déco, restauradas con precisión y respeto por su origen.

El Renacer de un Palacio
La idea de recuperar esta casa nació de un sueño compartido por dos socios —uno de ellos francés y el otro colombiano — que, tras años de recorrer el mundo y observar cómo otras ciudades valoran su patrimonio histórico, decidieron aportar a la memoria urbana de Medellín. Escogieron esta propiedad no por una decisión lógica, sino por un impulso visceral: fue amor a primera vista. Y así nació Castillo Prado, un proyecto que fusiona historia, arte, creatividad y comunidad.
La restauración no solo fue física, sino simbólica. Se recuperaron las redes eléctricas y de alcantarillado, se restauraron maderas y estructuras con tratamientos especializados de colorimetría y protección UV, y se incorporaron elementos modernos como baños privados, aire acondicionado y adecuaciones acústicas, sin perder el alma original de la casa.
La fuente del patio principal, decorada con figuras de estilo grotesco inspiradas en el arte romano, las lámparas francesas de cristal del siglo XIX, y el mobiliario ecléctico —que combina piezas estilo Biedermeier, Art Nouveau y elementos contemporáneos— hacen de cada rincón una experiencia estética e histórica sin igual.

Más que una casa, un legado vivo
Castillo Prado no es solo un espacio para eventos; es un homenaje vivo al espíritu de Medellín, a sus raíces culturales, y a la visión de una ciudad que no olvida de dónde viene. Es una apuesta por revitalizar el barrio Prado, enamorar de nuevo a la ciudad de su patrimonio, y construir un escenario donde la historia y la creatividad se encuentren para dar vida a nuevas memorias.
Cada detalle restaurado, cada espacio intervenido con sensibilidad y cada evento celebrado aquí tiene un propósito mayor: inspirar a las nuevas generaciones sobre la grandeza de nuestros antepasados, fomentar el buen gusto, conectar a las personas, y devolverle a Medellín un símbolo de su identidad.
Hoy, gracias a esta visión, la casa se transforma en un escenario de experiencias culturales, artísticas y sociales que, como la historia que la habita, quedarán grabadas en la memoria de quienes la vivan.